Zootopia y la búsqueda del clásico novedoso

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Disney también crece. El estudio de cine estadounidense ha estado ampliando su público y acompañando a la gente a la que marcó en su infancia, en su viaje hacia la búsqueda de trabajo y el pago de facturas que definen la edad adulta. Sin abandonar su pretensión de buscar dejar huella en las futuras generaciones en el camino. Es algo que se nota en su afán de continuar producciones como Monstruos S.A. o las esperadas secuelas de Buscando a Nemo y los Increíbles. De la misma forma que en Brave y también Inside Out, la protagonista de Zootopia se ve obligada a crecer poniendo en marcha la trama que le lleva a una ciudad idílica en la que los depredadores y las presas conviven en paz para cumplir su sueño, ser agente de policía.

Zootopia

Tras un breve montaje en el que demuestra que el esfuerzo es más importante que las barreras biológicas, la que se supone que ahora es nuestra conejita favorita se ve obligada a demostrar lo que vale, porque tanto en la película como en la vida parece que un título no basta. Parece un detalle sin más, pero ya nos lanza un mensaje desde el comienzo: aunque el sistema te permita cumplir tus sueños,   las mayores barreras las hace la gente. La placa, el uniforme y el diploma no van a darte de buenas el respeto del jefe y puedes acabar poniendo multas de tráfico a pesar de haber sido lo mejor de tu promoción. El mundo real no son tus notas, tu complexión o tu raza (sí, Disney ahora usa animales antropomórficos para hablar de racismo ¡yay!), sino tus acciones. Es algo bastante realista a nivel cotidiano, nuestras metas terminan por ser nuestros comienzos, pero ese termina siendo su mayor problema: el realismo.

 

Desde el título (el original, el que no había que haber traducido) este filme de animación nos promete un lugar idílico que se siente demasiado real, excesivamente pensado desde el antropocentrismo. En un mundo donde existe una ciudad en la que conviven todas las especies animales, lo más apropiado es hablar por Facetime desde tu carrotphone y escuchar tu Ipod en largos viajes de cercanías. Algo que adoro de Monstruos S.A., es la manera en la que esos seres imposibles pensaban el mundo en función de aquello a lo que mejor se adaptaban, algo que no deja de ser muy humano pero daba lugar a una tecnología y modo de vida inimaginables para aquellos que por desgracia no tenemos la piel verde y un ojazo. Zootopia no deja de ser un lugar al que me podría mudar si existiera aunque no debería estar pensado para mí.

A su vez, Disney solía basarse en las emociones fuertes, incluso por encima de lo razonable, hasta hizo una película literalmente de eso. El momento en el que la relación de los co-protagonistas se rompe o en el que se produce ese “gran error” previo a la resolución de la película, conllevaba un replanteamiento de los lazos entre los personajes y el mundo. Los animales parecen reacios a todo sentimiento negativo y existe poca tensión, todo va rápido. Lo único que separa a Judy y Nick (la conejita y el zorro que protagonizan la cinta), es el prejuicio entre presas y depredadores que solo existe por la necesidad de un conflicto y siempre debe haber un malo que lleve ventaja. Eso nos deja sin una respuesta clara de como enfrentarnos al racismo cuando nuestras diferencias culturales dan lugar a un rechazo hostil (hay una fórmula por la cual el depredador se ve dominado por sus instintos por razones biológicas, pero la historia se resuelve sin que los protagonistas afronten este problema aunque todo en ella lo pide a gritos)*. Me escama porque da la sensación de que la película quiere hablar de ello pero se frena y desvía la atención por obedecer a esa filosofía de intentar hacer nuevos clásicos.

Sigue siendo Disney, y sigue sabiendo sacar más de una sonrisa. La parodia del padrino y la idea de que los perezosos manejen la jefatura de tráfico son propias de esa imaginación tan especial que te hace sentir en casa. También contiene un diálogo entre la protagonista y el jefe Bogo, en el que la película se vuelve autoconsciente de lo que es, que me hizo pulsar pausa y aplaudir. Pero no dejan de ser detalles alrededor de conceptos exprimidos a medias, que cumplen bien con la idea de entretener sin darnos una moraleja sólida a pesar de que podría haber sido una fábula moderna. Quizás al final le estoy pidiendo a Disney las mismas respuestas claras y tajantes que me pide el mundo a día de hoy porque he crecido. Y quizás por más que crezcamos no podamos estar siempre a la altura de lo que prometimos.

*Esta de más decir, que planteo la lectura metafórica de la película traduciendo la biología animal por la cultura humana. Ya que un enfrentamiento racial entre seres humanos a estas alturas me parece moralmente absurdo, dejo constancia por si acaso.

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