“Pan y rosas”: la lucha interminable

El hecho de no tener únicamente pan, sino de tener también para rosas, de pasar a formar parte de la ciudadanía estadounidense y de ser trabajadores libres, dignos y orgullosos de su origen y existencia, se ve de nuevo amenazado.

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El cine de denuncia social acostumbra a pasar desapercibido entre la gran multitud de películas referentes a la industria cultural norteamericana, que envuelve de fantasía, ultraviolencia, efectos especiales y rostros bellos a la gran mayoría de guiones e historias.

Este podría haber sido el caso de la película Pan y rosas de no ser por su consagrado dentro del género director, Ken Loach, quien consiguió juntar a un seductor pero comprometido -por la causa- reparto de entre los cuales se encuentran actores de la talla de Adrien Brody, Elpidia Carrillo o Pilar Padilla. El resultado será una interesante, fiel y audaz radiografía de la vida y relaciones laborales en lo que a comunidades de inmigrantes se refiere, dentro claro está del territorio estadounidense.

Estos colectivos -la gran mayoría procedentes de Latinoamérica-, tal y como se reflejará en la película costumbrista, se encuentran en una grave situación de marginalidad y exclusión social dentro del estado más rico y poderoso de todo el mundo, llegando a trabajar -en pleno siglo XXI- de forma abusivamente precaria y por sueldos miserables.

Pan y rosas

Para ubicaros y haceros un poco a la idea acerca de la trama del largometraje, la historia de esta nos explica un período vital en la vida del personaje protagonista, una chica mexicana llamada Maya. La joven decide emprender un peligroso viaje hacia tierras del norte, más prósperas y aparentemente alejadas de la miseria que le rodea en su país natal. Para ello su hermana Rosa, que lleva años trabajando en Estados Unidos y ha formado una familia, negocia con unos traficantes de personas dedicados a transportar ilegalmente a mexicanos de un lado a otro de la frontera.

Una vez dentro del país, Maya tendrá que esquivar numerosos obstáculos antes de conseguir un trabajo de limpiadora en un edificio de oficinas del centro de los Ángeles, junto a su hermana mayor. Este empleo pero, estará marcado por las condiciones de explotación a las que será sometido pasiva e inconscientemente todo trabajador de la empresa, dado que esta no dispone ni permite la incorporación de un sindicato.

La toma de conciencia de clase y lucha por parte de los/as trabajadoras se dará cuando un apasionado activista norteamericano llamado Sam (Adrien Brody), les explicará y se implicará insistentemente con el fin de que cada uno de los empleados comprenda su situación laboral y así emprendan una campaña de lucha por sus derechos, jugándose en esta su puesto de trabajo, el pan de sus hijos y la expulsión del país que un día se autoproclamó la tierra de las oportunidades.

pan y rosas

Sin duda esta singular a la par que muy común historia no dejará indiferente a nadie. Relata con crudeza la psique humana desde una perspectiva individualista en escenas en las que empleados, curtidos por la edad y experiencia, tienen que abandonar la lucha y las huelgas por el hambre de su familia, sin embargo, el film también nos muestra como en ocasiones el propio espíritu de clase y la fuerza generada por la unión de los más invisibles serán suficientes como para apostarlo todo por la causa y derribar los muros del poder y de las altas esferas, reivindicando y luego consiguiendo los derechos que todo trabajador merece.

Y es de esta unión de donde proviene el título de la película, del hecho de no querer únicamente pan y lo justo como para subsistir en una tierra excluyente, sino de querer también rosas, de pasar a formar parte de la ciudadanía estadounidense y de ser trabajadores libres, dignos, felices y orgullosos de su origen y de su existencia, más que merecida.

pan y rosas

Ahora bien, hay un nombre que últimamente resuena insistentemente por todos los medios de comunicación, me refiero a Donald Trump, republicano candidato a la presidencia de los EEUU que podría violar los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos estadounidenses provenientes de otras tierras y lugares. Este “político”, por llamarlo de alguna forma, pretende expulsar, construir muros, destruir vidas y relaciones y desde hace ya varios años se dedica a incitar y difundir el odio hacia todo inmigrante americano, vulnerando así la situación laboral y social más o menos estable de la gran mayoría de latinos, africanos y asiáticos que sustentan las bases del proletariado en Norteamérica.

Ante esta situación, alarmante de necesidad, no podemos quedarnos pasivos, hay que organizarse, respaldar y ayudar a toda iniciativa que se proponga derribar a este señor y “reeducar” a todos los votantes -que no serán pocos- que obtendrá su partido estas próximas elecciones. Se lo debemos a Maya, a Rosa, a todas las personas que han luchado y se han labrado dignamente una vida y a todas las que vendrán. Se lo debemos a nuestros vecinos, y a nuestros abuelos que lucharon contra la opresión laboral y la explotación hace ya casi un siglo. Porque nadie debería conformarse con pan pudiendo tener rosas.

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