Lolita: la clásica “mujer fatal”

La gran pantalla ha congelado a la joven Lolita, quien seguirá malmetiendo en nuestras cabezas para la posteridad.

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El cine de los años sesenta y toda la producción antecesora suele percibirse algo desfasado con respecto al gran abanico de posibilidades fílmicas más contemporáneas del que hoy en día disponemos –por lo que a las generaciones más jóvenes respecta-.

Es por este motivo que me sorprendo, incluyéndome en este sector, cuando uno de estos llamados “clásicos” consigue producir en mí una gran satisfacción, parecida a la del biólogo apasionado que sin esperárselo descubre una nueva rama animal enmarcada dentro una especie lo suficientemente exótica por motivos de lejanía y falta de parentesco.

Esta vez me refiero pues a una película producida el año 1962 y dirigida por el erudito de Stanley Kubrick, cuyo sugerente título es el de “Lolita”.

El film, de carácter dramático, se basa en la novela homónima del escritor Vladimir Nabokov, quien fue el encargado de adaptar el guion para el largometraje rodado, como la gran mayoría de sus contemporáneos, en blanco y negro.

Lolita

La trama es narrada en primera persona por un James Mason soberbio que consigue transmitir con gran destreza y habilidad al espectador una serie de estados mentales de lo más retorcidos y poco frecuentes a la par que ciertamente comprensibles, ya que la actuación pone al descubierto también la parte más humana de la psique del personaje.

Lo acompaña la coprotagonista de esta historia, Lolita (Sue Lyon), una adolescente rebelde y provocativa que representa a la perfección la personalidad de una “femme fatale”, figura literaria más que explotada en numerosas obras; aunque esta vez con la desemejanza de que esta “femme” es peligrosa en un plano legislativo, ético y moral. No tiene la mayoría de edad y vive con su madre, con lo cual cualquier acercamiento por parte del narrador adulto e intelectual será motivo de morbo y castigo.

Y es entorno a esta tensa situación que se torna el interesante y atractivo argumento de la primera parte del film, cuando Humbert Humbert (Mason), profesor de literatura francesa y alquilado en la casa de la madre de Lolita, una mujer torpe y con demasiadas pretensiones (Shelley Winters), decide casarse con esta última para poder estar siempre cerca de la hija.

Lolita

La adolescente, que hasta este instante juega con la mente masculina del protagonista escondiéndose siempre debajo de una gruesa capa de inocencia, inmadurez y vulgaridad, empezará a aburrirse para luego procesar un cierto sentimiento de odio y recelo hacia la relación con el amante y padrastro.

Al fin y al cabo, a pesar de no parecerlo por fuera ni muchas veces por su trabajada actitud de seducción, por dentro la “femme” no es más que una niña que se cansa de su juguete y viaja en busca de otros.

El conflicto y el motivo por el cual la relación se trunca serán los miedos y remordimientos del hombre mayor, que desnudo ante la pérdida de un diario personal donde se esconde y expresa alejado de la censura social, y expuesto, empieza a sufrir la paranoia y esquizofrenia del que cree ser perseguido, juzgado en silencio.

La presión es tan grande que Lolita se verá “protegida” y encerrada entre cuatro paredes, reprimida y ahogada social y psicológicamente hasta el punto de escaparse. Es en este desenlace donde entra en juego un cuarto personaje (Peter Sellers) que hasta entonces mantiene una sutil pero persistente presencia en todo el metraje, un artista excéntrico que le da al guion un giro de lo más inesperado.

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La película muestra sin duda una historia muy controvertida. Contada con pinceladas de humor pero no por ello menos pervertida y estimulante en un plano literario, estoy seguro que muchos sectores conservadores de la época reaccionaron muy negativamente ante la trama, queriendo censurarla e incluso borrar del circuito comercial.

Ciertamente esto hubiera pasado, pero Kubrick, anticipándose a ello, creó un material audiovisual libre por completo de cualquier contenido explícito, por lo que deberíamos otorgar al director el título de “Provocador de imágenes del siglo”.

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