El Gran Hotel Budapest, la estancia del recuerdo

Un clásico hotel europeo cuyos habitantes rezuman inocencia, magia, pasión y nostalgia.

933

El Gran Hotel Budapest, el largometraje de ficción, comedia y aventura, escrito y dirigido por el inimitable Wes Anderson, es, sin duda, una pieza audiovisual repleta de sentimientos y estímulos; atributos por los que se premió a la película estadounidense, estrenada en el año 2014, con numerosos reconocimientos, entre los que destaca un Oscar a mejor dirección artística, un BAFTA a mejor guion y un Globo de Oro a mejor comedia.

El film cuenta con un elenco glorioso de actores, Edward Norton, Jude Law, Saoirse Ronan o Ralph Fiennes son algunas de las muchas caras conocidas que aparecen y que de alguna manera nos evocan un universo aún más familiar y cercano del que el propio director ya de por sí crea mediante una técnica fantástica.

El gran hotel Budapest

La trama se inicia a través de un espiral de flashbacks, que nos trasladan desde un presente gris y triste a un pasado colorido y de lo más dinámico. Enmarcado en el Período de entreguerras europeo de los años treinta e influenciado por los sucesos que éste conlleva, el hotel “Gran Budapest” vive una etapa de esplendor económico y cultural; por él se pasean figuras destacadas de monarquías, aristocracias y grandes empresarios.

Gustave H., un prestigioso conserje del Budapest, es quien se encarga de satisfacer todas y cada una de las necesidades de sus exigentes clientes con total entrega y dedicación. Este un día conoce a Zero Moustafa, un joven e inexperto mozo de carga que hasta entonces pasa desapercibido. Una serie de sucesos inesperados, relacionados con el robo de un cuadro renacentista, la posesión de una importante herencia, y la consecuente persecución por parte de una familia poderosa, crearán un vínculo de protección y afecto entre los dos trabajadores del hotel, que se verán inmersos de pleno.

El gran hotel Budapest

La excentricidad de esta película radica en una narrativa visual totalmente innovadora y única. Wes Anderson, que ya demostró sus genuinas capacidades a la hora de contar historias mediante nuevos procedimientos cinematográficos, influenciados por los dibujos y esquemas de cuentos infantiles, con Life Aquatic (2004); ha vuelto con una técnica mucho más pulida y estudiada, esta vez centrándose en las personalidades de cada personaje. Este resultado no hubiera sido posible sin las grandes interpretaciones del veterano Willem Dafoe, Tony Revolori y Ralph Fiennes, con los que será imposible no empatizar durante unos instantes.

Sin duda es un film que se hace querer, la historia genera en el espectador una sensación similar a la que se produce cuando te reencuentras con un viejo amigo, espacio, sentimiento o juguete. La nostalgia y melancolía humana colorea el pasado, lo adorna con melodías y lo idealiza creando auténticos oasis intelectuales, y así lo plasma el director con una fotografía, una dirección artística y unos movimientos y planos de cámara sin precedentes.

No hay comentarios